El COVID, las mascarillas y las gafas

Evitar que nuestra gafa se empañe es a menudo misión imposible,
especialmente cuando vamos por un lugar muy frío.

Los que usamos mascarillas en quirófano desde siempre sabemos de las dificultades que provocan a la hora de mantener una buena visión. La mascarilla es un elemento de protección importantísimo, pero a la hora representa una dificultad para la salida del aire espirado de la vía aérea, rico en CO2 y vapor de agua.

Evitar que nuestra gafa se empañe es a menudo misión imposible, especialmente cuando vamos por un lugar muy frío (algo habitual estos días). Como durante la pandemia recomendamos usar lentes de contacto en las mínimas ocasiones posibles, especialmente en los sectores con más contacto con gente potencialmente infectada, no podemos recurrir a esta alternativa.

Entre las diferentes alternativas para disminuir el empañamiento de las gafas podemos citar las siguientes:

  1. Una de las soluciones más habituales que vemos cuando vamos por la calle es que la gente que lleva gafas menudo lleva la mascarilla por debajo de la nariz. De acuerdo, evitamos el problema, pero digamos que la mascarilla pierde su efecto protector para nosotros y, por supuesto, para todos con que nos encontramos por la calle. Por lo tanto, esta opción no se recomienda en absoluto. Lo mismo sería aplicable a las mascarillas con válvula de exhalación, que dejan desprotegido a todo el mundo excepto al que la lleva, y que se encuentran prohibidas en muchos lugares.
  1. Utilizar mascarillas quirúrgicas si tenemos previsto ir por el exterior y por lugares con poco volumen de gente. De acuerdo, el grado de protección es inferior que una mascarilla FFP2 o FFP3, pero la facilidad de salida del aire exhalado es mayor, ya que es un tejido más delgado, e irá menos cantidad de vapor hacia la gafa.
  1. No ir poniendo y quitando la máscara en ambientes fríos. Si la temperatura de la gafa, y sobre todo, de los cristales, baja mucho (y bajará más si la llevamos en la mano que si la llevamos puesta), los cristales se empañan muy rápido cuando la volvemos a poner. Si nos tenemos que poner la máscara en un lugar frío, antes podemos calentarla poniéndola en el bolsillo unos minutos.
  1. Llevar la gafa bien adaptada a nuestra estructura facial (base de la nariz) con la cinta metálica que llevan todas las mascarillas. Debemos favorecer que si hay alguna fuga de aire sea por los lados o por abajo, no por arriba.
  1. Utilizar gafas de tamaño más reducido, con monturas metálicas o al aire, que favorecen la circulación del aire exhalado.
  1. Se pueden utilizar elementos antivaho comerciales (gamuzas, sprays, …), aunque con un éxito relativamente reducido.
  1. Utilizar jabón de manos (el clásico de pastilla). Se pasa por encima de los cristales, y con una gamuza se limpia posteriormente para distribuirlo por toda la superficie de la lente. Si dejamos una capa muy delgada puede impedir que se forma condensación, aunque es difícil encontrar el equilibrio entre demasiado poco, que haría que se empañen igual, o demasiado, que haría que la gafa estuviera ya empañada y no nos dejará ver.
  1. Añadir a la parte superior de la mascarilla una tira de esparadrapo que haga un sello y evite que el aire pueda acceder a nuestros ojos. Desde el punto de vista de efectividad es la que da mejor resultado, aunque no se puede hacer cada día ni durante muchas horas, ya que aunque se use un esparadrapo hipoalergénico de buena calidad, la piel acabará sufriendo las consecuencias en forma de eczema.
  1. Se pueden encontrar también unos dispositivos antivaho de material plástico blando, que se ponen entre la nariz y la mascarilla, creando una barrera adicional al paso de aire hacia arriba. No os puedo hablar de su utilidad, dado que precisamente estoy esperando que una conocida casa de venta a domicilio me la haga llegar un día de éstos.